MISTER ESPEJO NO ES UN PERSONAJE

Mister Espejo soy yo, intentando volver a reconocerme.
Un hombre que se rompió, que ardió y que ahora está recogiendo sus propias cenizas con las manos.
Durante dos años no pude mirarme.
No por miedo al espejo, sino a lo que quedaba de mí detrás del cristal.
Hubo un tiempo en el que llevaba traje, daba órdenes, firmaba decisiones que movían dinero y equipos.
Y luego, de golpe, el silencio.
El traje vacío.
El cuerpo cansado.
El hombre roto.
Caí más bajo de lo que imaginé.
Acabé limpiando suelos en un instituto.
El sonido del mocho arrastrándose por el pasillo fue mi nueva banda sonora.
Y, aunque duela admitirlo, ahí encontré algo que había perdido:
la dignidad de empezar desde cero.
No cuento esto para que me abracen.
Lo cuento porque es verdad.
Porque esconderlo me estaba matando más que la caída.
¿Y estas luces?
No son decoración.
Son un recordatorio.
Llevo la misma camisa desde hace años porque ya no quiero disfrazarme para gustar.
Dejé de comprar ropa para financiar mi reconstrucción.
Compré luces para obligarme a mirarme, aunque no me gustara lo que veía.
Si has llegado hasta aquí, quédate.
No para ver un éxito inmediato, sino un renacimiento lento.
No para ver un cuerpo perfecto, sino una piel que vuelve a habitarse.
No para ver una marca, sino a un hombre reconstruyéndose con honestidad.
Gracias por mirar conmigo.
Gracias por ser testigos de este incendio…
y de la luz que empiece a salir de él.
Porque ahora, al otro lado del espejo, por fin hay alguien